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Dina Boluarte: Un balance de su gestión al frente del gobierno 

Boluarte lleva más de 100 días como Presidenta de la República desde que el fallido golpe de Estado perpetrado por Pedro Castillo.

Los expresidentes del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano Bellido y Juan Jiménez Mayor, manifiestan que desde que apenas juró el cargo Dina Boluarte cometió graves errores. En primera instancia, demoró en designar al Gabinete, generando un vacío de poder que sus camaradas aprovecharon para organizar una violenta protesta, nombrando a un débil e inexperto presidente del Consejo de Ministros que tuvo que ser apartado a los pocos días, tras su penoso manejo de las revueltas.

La izquierda radical, casi inmediatamente, desconoció su acceso constitucional a la Presidencia de la República y la acusó de traidora. La otrora mujer de confianza del primer mandatario había declarado públicamente que renunciaría si Pedro Castillo era vacado. Esa promesa, sin embargo, no significaba que justificaría un mensaje golpista.

Sus antigüos correligionarios piden su renuncia y continúan con su campaña golpista bajo el lema “Dina asesina”; reclaman la disolución del Congreso y la convocatoria de una asamblea constituyente. Aunque asegura que millones de peruanos respaldan su febril iniciativa de derrocar el régimen económico de la Constitución, no ha reunido ni una sola firma de apoyo, a diferencia de quienes se le oponen.

La culpa recae igualmente en el Legislativo, cuyos miembros se niegan obstinadamente a las elecciones anticipadas; demostrando que los partidos no toman en cuenta el interés nacional y que los parlamentarios, muchos de los cuales son acusados ​​de corrupción, priorizan su conveniencia.

Al contrario de lo que afirman ahora algunos de sus antiguos aliados, la presidenta no es ni fascista ni derechista, y mucho menos liberal. Tampoco gobierna en un sistema cívico-militar dictatorial. Es una mujer de tendencia izquierdista que perteneció a Perú Libre, que dirigía Vladimir Cerrón. Es importante considerar que, como ministra, guardó silencio cada vez que salieron a la luz las corruptas acciones cometidas por Castillo Terrones.

Boluarte tiene la oportunidad de mostrar sus mejores cualidades; unir a la nación en un esfuerzo de rescate nacional; y organizar las elecciones generales anticipadas que exigimos ante la dramática situación que enfrentan miles de peruanos.

Está claro que Dina Boluarte se hizo del poder de manera no planificada. Nadie anticipó que Pedro Castillo se convertiría en el líder de un intento por encaminar a la nación hacia una dictadura. Esta fue una expresión de su desprecio por la democracia, que aún es difícil de comprender en un maestro que tuvo la responsabilidad de inculcar valores cívicos en niños y jóvenes. Desde el 2016 seis jefes de Estado han pasado por la casa de Pizarro y esta tendencia no parece que cambiará. Boluarte asumió la Presidencia de la República en un clima de intensa hostilidad y extrema inestabilidad.

La primera mujer presidenta entró en nuestra historia exactamente así, en el 200 aniversario del Partido Republicano. Llegó sin equipo —tuvo que armar uno sobre la marcha— y con un gobierno desmoronado, dirigido por individuos cuestionable que no sólo fracasaron en su intento de  administrar las políticas públicas, sino que también se infiltraron en el aparato estatal, ocupando puestos con el único afán de vaciar las arcas estatales. La contratación de funcionarios inelegibles de Castillo -que solo estaban allí para pagar hipotecas de campaña- está bien documentada. En otros casos, se infló la nómina pública; como en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, donde se colonizó el área de prensa con más de 60 empleados cuando solo se requería un equipo efectivo de 20 personas.

El hecho de que Boluarte tuviera que hacer frente a uno de los mayores conflictos sociales de las últimas décadas, al que algunos han calificado como un estallido social -cuyos efectos aún son impredecibles y podrían continuar, como sucedió en Colombia y Chile- no lo convertía en un tarea fácil para él agarrar el hierro candente en una nación en el mar.  El gobierno enfrenta actualmente el fenómeno de los desastres naturales en medio de la ineficacia de los recién nombrados alcaldes y gobernadores regionales, quienes recién ahora empiezan a comprender lo que es la gestión pública.


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